08 Jul 2008

Al final, era Trichet que tenía razón

¿Quién iba a decirnos que el maligno Trichet, el que hacía subir el Euríbor por su política monetaria, era quien tenía la solución (o, al menos, en parte) en sus manos? La subida de tipos del pasado jueves puede ser todo lo impopular que se quiera a corto plazo, pero debería beneficiarnos a medio o largo.

Con un precio del dinero más alto,el objetivo del BCE pretende que la demanda se contraiga y caigan los precios; prevé que el euro se relaje, y ceda posiciones frente a un dólar más fuerte; estima que el precio del crudo caiga, gracias a la apreciación de la moneda estadounidense... Y, por lo menos, desde el jueves, así está ocurriendo: el euro se acerca a los 1,55 dólares; el barril de Brent ha caido en estas jornadas casi 10 dólares... Evidentemente, la escalada del Euríbor ha sido impresionante, pero es que ahora pagamos las consecuencias de la manga ancha que han tenido bancos y cajas durante muchos años al conceder hipotecas por doquier.

Sin embargo, algo pasa en España. Su presidente anima a los suyos "a consumir", algo incoherente no sólo desde un punto de vista práctico (los 400 euros sólo servirán para intentar ahorrar algo más), sino también macroeconómico: no puede que que, si el crecimiento de España ha estado basado tanto en el consumo, queramos seguir impulsando nuestra economía con ese pilar. Ya no es posible. La gente no está dispuesta a gastar más y las políticas del BCE así lo aconsejan, para no inflar más la burbuja de la inflación.

30 Jun 2008

La Eurocopa nos saca de la crisis (y de verdad)

Ayer estuve en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid apoyando a la selección española en su victoria frente a Alemania. Cuánta euforia, lágrima contenida, alegría desbordada... y cuánto dinero se movía por doquier. En un momento de la retransmisión me di cuenta de que los verdaderos ganadores de esta Eurocopa han sido las empresas. Y eso, hasta se puede notar en el Producto Interior Bruto, que, según algunos expertos, podría crecer algo más de lo previsto en este tercer trimestre, gracias al empuje de la Roja.

Increíble, pero este equipo de 23 podría haber logrado mucho más para nuestra economía que la exención de los 400 euros, la rebaja del Impuesto de Sociedades o la liberalización de los Servicios. El consumo (que supone un pilar básico en el PIB) se podría haber disparado en una sociedad que nunca imaginó llegar hasta la final. Las firmas textiles se han frotado las manos (la demanda de equipación deportiva ha pillado casi desprevenido, incluso a los de El Corte Inglés); las agencias de viajes y aerolíneas han encontrado una válvula de escape en los Madrid-Viena, ante la caída de reservas para el verano; los camioneros podrían haber recuperado parte de lo perdido durante la huelga, por el mayor traslado de mercancías (pósters, balones, zapatillas, refrescos...); las operadoras han visto cómo los mensajes de apoyo y los multimedia con fotos desde Austria se han multiplicado; los medios, ahogados en plena crisis publicitaria, han conseguido salir del bache (que se lo digan a Cuatro, donde el despliegue ha conseguido reunir a 9 de cada 10 televidentes)...

¿Alguien había previsto que, gracias a la Eurocopa, el crecimiento de la economía española no iba a ser tan malo durante estas semanas? ¿Tan dependiente es nuestra economía de un balón, y la astucia de un Torres, al que bien podríamos colocar como Ministro de Economía? Luis podría ser el nuevo el presidente: su seriedad, astucia y formas le convierten en el candidato ideal. A Villa, titular de Industria (él ha sido el motor de este empuje económico, con sus seis decretos-goles); a Casillas, ministro de Defensa (no se ha dejado colar ni una); a Senna, en Exteriores (medio Brasil también está enfervorizado...llegarán inversiones); a Ramos, en Cultura (él ha puesto la nota musical de este espectáculo económico-financiero); a Güiza, en Igualdad (los humildes también pueden llegar alto en esta sociedad mercantilista)... Sigan añadiendo nombres y cargos, porque sólo este equipo de 23 ha sabido sacar del letargo, aunque sea por unas semanas, a la economía española.

25 Jun 2008

¿En burro o en avión?

-"¿No te vas de vacaciones este verano?"

-"Los rigores hipotecarios me lo impiden".

-"Pues hay una nueva página en la que, por muy poco dinero, puedes irte a China. Tardas cuatro días, eso sí, pero te sale muy barato".

-"¿Y cómo?"

-"Te proponen unir viajes con muchas escalas. Madrid-Londres; Londres-Francfort; Francfort-Moscú; Moscú-Singapur; Singapur-Pekín"...

Se acabó el tiempo de la comida y mis obligaciones laborales me impedían intentar explicarle a mi amigo que se ha acabado la época de los vuelos baratos, de los billetes de avión gratuitos, de los viajes a Londres a precio de autobús interurbano... Siempre he creído que la estrategia de las aerolíneas de bajo coste deberían hacer agua por algún sitio. Y, finalmente, ha sido así. Por muy hábiles que nos sintamos en la Red, nuestro gran enemigo, el petróleo, se ha hecho fuerte.

Vueling ha confirmado que subirá 5 euros el precio de sus billetes por el impacto de la subida del petróleo; Ryanair aumentará hasta un 5 por ciento el coste de sus tickets, aunque no conllevará directamente un recargo por combustible; Spanair, 5 euros... Y la lista se extiende por todas las aerolíneas, grandes o pequeñas, internacionales o domésticas, nuevas o de antaño. Lo peor es que algunas intentan ocultar esta subida con nuevos recargos por acumulación de maletas en el avión (¿a quién se le ocurrirá hacer un Madrid-Roma con más de una maleta?), por embarque prioritario (que se lo digan a los pasajeros que esperan, sí o sí, largas colas en los aeropuertos), por nuevos seguros de viaje (¿acaso han empeorado las condiciones técnicas de los aviones?)...

Al igual que en la banca ha habido mucha "manga ancha" con las hipotecas, en el sector de la aviación también, y sólo las que mejor lo han hecho podrán subsistir en un contexto tan adverso. Que no nos engañen con promociones imposibles, descuentos infinitos o viajes de ensueño a precio de coste. Al final, acabarán proponiéndonos un Barcelona-Berlín por 20 euros. Eso sí, de los 1.865 kilómetros que hay entre ambas ciudades, unos 150 serán en avión, y el resto, en carruaje. Para aliviar costes, dirán.

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